Los enjambres de langostas comen plantas tóxicas y cambian de color como advertencia a los depredadores.

Introducción

Los enjambres de langostas que rebotan entre sí pueden parecer una comparación extraña para los humanos. Sin embargo, la respuesta de las langostas a tal contacto presenta un modelo intrigante que debemos considerar.

Los puntos clave son que las langostas utilizan los cambios en la densidad de población para desencadenar cambios importantes en su comportamiento y actividad, y anuncian en voz alta y clara que esos cambios han ocurrido.

Una langosta solitaria es de color verde y está camuflada para evitar la depredación.

Los enjambres de langostas no pueden esconderse de los depredadores, por lo que absorben toxinas de plantas que antes habían evitado comer y señalan la adquisición de esta nueva defensa con una nueva coloración sorprendente.

La estrategia

El contacto físico de otras langostas detectado por las patas traseras, o simplemente la vista y el olor de otras langostas cercanas, pueden desencadenar una liberación de serotonina que hace que una langosta normalmente solitaria se sienta atraída por vivir en estrecha colaboración con muchas otras langostas de la misma especie.

Pero este no es el único cambio que sufren las langostas cuando enjambran. También ralentizan su capacidad para aprender a no gustarles ciertos alimentos y “olvidan” su aversión anterior hacia ellos. Lo que esto significa es que ya no evitan las plantas tóxicas y, en cambio, comienzan a consumirlas. Las langostas mismas todavía sufren un malestar tóxico, pero lo más importante es que su consumo es tóxico.

Esta toxicidad también está relacionada con un cambio de apariencia. Cuando viven individualmente, las langostas del desierto son verdes o marrones y se mimetizan con su entorno, evitando ser comidas al evitar ser vistas. Una vez que viajan de manera llamativa en enjambres gigantes, cambian la producción de color rojo. , haciendo que sus colores y patrones existentes parezcan mucho más vibrantes y llamativos. Esto indica a los depredadores que comer esta nueva y abundante fuente de alimento en realidad será perjudicial, especialmente si se come en grandes cantidades.

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Imagen: Biomimicry Institute / Copyright © - Todos los derechos reservados

Las posibilidades

Podemos aprender mucho de este ejemplo de la naturaleza al considerar las posibles interacciones entre humanos, máquinas o humanos y las máquinas que construimos. Las entradas sensoriales podrían desencadenar cambios en el comportamiento que permitan que los humanos reciban a los robots de manera más positiva cuando están cerca de ellos, pero que su rendimiento esté más optimizado cuando están solos. Siguiendo el ejemplo de las langostas, este cambio de comportamiento e intención también se puede comunicar exteriormente a través de la apariencia física, de modo que los humanos sepan que el robot ahora está operando bajo instrucciones diferentes.

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Última actualización 1 de marzo de 2024